
AlcidesVerificado · Alumno AIO
Barcelona · arquitecto, ex Engel & Völkers
Casi 8 años en Engel & Völkers. Buscaba captar sin tocar puertas
▶ Su historia en vídeo, a cara descubierta. Abajo, contada con sus palabras.
Soy arquitecto, originario de Venezuela, y llevo alrededor de nueve años en Barcelona. De esos, casi ocho los pasé en Engel & Völkers, principalmente vendiendo obra nueva. Ser arquitecto ayudaba mucho: gran parte de los proyectos se vendían en planos, y saber leer un plano y explicárselo a un cliente para que se lo imagine —si en ese espacio cabe una cama o no cabe— marca la diferencia, porque la mayoría de la gente no tiene idea de la tridimensionalidad. Antes de España viví y trabajé en otros países; en Costa Rica hacía algo parecido al personal shopper inmobiliario, llevando clientes a ver casas en construcción.
Cuando salí de Engel intenté con otras agencias, pero eran más de lo mismo: para ellas lo importante era la captación a la antigua, y eso no me interesaba en lo más mínimo. Hacer panfletos y tocar puertas, jamás. Entre Instagram y todo aquello empecé a ver a Fátima. Al principio no me daba total confianza, lo fui dejando, veía y veía. Hasta que un día dije: vamos a ver de qué va esto. Pedí la información, me pareció bastante coherente —todavía con todas las dudas del mundo— y di el paso. Mi palabra clave era «captación sin tocar puertas». Ahí hizo clic. Si me preguntas cuál fue la razón para entrar, fue esa: que el cliente sea el que te viene a buscar.
Mi mayor miedo era que no fuera real, que de verdad se pudiera captar. Pues mira: en las primeras dos semanas, sin haber lanzado todavía el embudo, me salieron dos clientes. Hubo una frase de Fátima que me cambió el chip: uno olvida los contactos que tiene en WhatsApp. Yo, después de ocho años vendiendo en Barcelona, tengo un banco enorme de compradores de cualquier parte del mundo, y muchos a lo mejor ahora quieren vender lo que compraron. Así que cogí mi landing, me gustara o no, y la lancé a todo mi WhatsApp. Salieron dos clientes indirectos, gente que me decía literal: «se me había olvidado tu nombre, me acordé de cuando nos atendiste; tengo un sobrino, un amigo…».
Con el embudo, al principio, el error fue mío: sentía que no caminaba, y al revisarlo paso a paso en la mentoría me di cuenta de que tenía errores, grandes errores. Mejor hecho que perfecto. Prefiero haber aprendido de un proceso imperfecto y hacer el siguiente bien. Eso me reafirmó que el método funciona cuando haces el embudo bien, cuando te esfuerzas y le pones ganas. Porque si alguien piensa que se va a hacer millonario con los pies sobre la mesa, no: si no trabajas como un burro, olvídate.
Llevo unos dos meses, desde junio, y ya tengo dos captaciones: una está para firmar y la otra por corroborar, un piso maravilloso en Poblenou. Pudo haber ido aún mejor si mis primeros anuncios hubieran funcionado mejor, pero después de encauzarnos en una mentoría como Dios manda, pienso que está bastante bien. Lo que más valoro de la escuela es justamente eso, la mentoría: la paciencia, el apoyo, la preocupación. Te sientes acompañado, te guían persona a persona y van al punto exacto donde estás fallando.
Mi consejo a los nuevos: si todavía no estás seguro, capta tu primera casa cercana, donde puedas ir, tocarla, hablar con la gente, venderla, y aprende lo suficiente de ahí antes de ir abriendo el círculo. El que mucho abarca poco aprieta. Yo me iría primero a un círculo pequeño antes que a uno muy grande que no pueda dominar. La duda siempre está, esto es como empezar cualquier trabajo. Lo interesante aquí es que aprendes. Y no te quedes con la duda sin preguntar, porque el perjudicado siempre vas a ser tú mismo.
Historia redactada a partir del vídeo de Alcides, con sus propias palabras y datos. Sin guion, sin actores.


